La torre del moro o del Cabo Cervera es una torre de vigilancia costera construida en una colina situada sobre el cabo Cervera en Torrevieja, España. Se encuentra situada en el cabo Cervera a unos cinco kilómetros del centro de Torrevieja en la carretera costera con dirección a La Mata y a unos cien metros de la costa. Su planta es circular, con forma trococónica y está construida con mampostería. Ha sufrido diversas reparaciones a lo largo de la historia, entre las dos últimas destacan: la realizada en 1960 y otra en 1994. La primera se corresponde en mayor medida con la construcción original, disponía de una escalera espiral hasta alcanzar su parte alta. En la restauración de 1994 se modifican los restos anteriores y se construye una torre almenada en la que destaca el escudo de la ciudad de Torrevieja.1 Está declarada como Bien de interés cultural en 1985.
La Villa de Xàbia estuvo protegida y rodeada de murallas hasta 1874, año que marca el definitivo derribo de los muros defensivos que circunvalaban las actuales rondas. Muchos años antes, desde principios del siglo XIV, el primitivo núcleo urbano de Xàbia contaba con un cerramiento defensivo del cual apenas quedan evidencias. Los restos aparecidos en este sector de la avenida Príncipe de Asturias, antigua ronda conocida como “muralla de arriba”, corresponden al muro y tres contrafuertes ataludados que formaban una especie de barbacana o antemuro. Este elemento defensivo fue construido a principios del siglo XIX, probablemente cuando se abrió el Portal Nou (18 de mayo de 1805), o tal vez como consecuencia de la guerra de Napoleón. Estos paramentos, que solo conservaban unos 40/50 cm. de altura, están hechos con una mampostería de piedra calcárea trabada con mortero de cal, que utiliza los bloques de tosca en la parte frontal de los contrafuertes ataludados. La intervención arquitectónica actual ha consistido en consolidar y proteger la obra original, alzando los paramentos unos 60 cm. para hacerlos más visibles.
Las personas que visiten el Castell de Castalla descubrirán una de las principales, y mejor conservadas, fortificaciones de la provincia de Alicante; que a su vez forma parte del Conjunto Patrimonial del Castell de Castalla. El castillo, declarado BIC con la categoría de Monumento, posee tres partes que permiten conocer la evolución de la fortificación (levantada en el siglo XI por los musulmanes y reformada profundamente en los siglos XIV y XV por los cristianos); así como quienes fueron los primeros pobladores del cerro sobre el que hoy se asienta el castillo (ocupado desde el II milenio a.C.). Éstas partes son: el Palau, al que se accede a través de un intrincado sistema defensivo; el Pati d’Armes con sus lienzos de muralla, estancias y el aljibe en muy buen estado de conservación original; y la Torre Grossa, desde la que se contemplan espectaculares vistas de la Foia de Castalla y las sierras que la envuelve. En el castillo se han encontrado asentamientos del Neolítico, la Edad de Bronce, ibéricos, romanos y árabes; históricamente, el castillo ha constituido el núcleo principal en torno al cual se iban aglutinando las viviendas de la ciudad amullarada. Jaime I de Aragón tomó el castillo a los árabes tras la conquista de Biar y lo integró al Reino de Valencia en el tratado de Almizra (1244), Castalla se encontraba en zona fronteriza con Castilla. Por esto mismo, se inició la reconstrucción del castillo y se consagró la primera iglesia en el lugar donde se encuentra la actual Ermita de la Sangre. Desde su conquista, Castalla fue adjudicada como propiedad señorial. En el año 1336, el rey Pedro IV de Aragón lo convirtió en propiedad de la Corona. En el año 1362 fue creada la baronía de Castalla, que fue donada a Don Ramón de Vilanova. El castillo fue heredado en el año 1729 por el marqués de Dos Aguas, hasta que en el año 1989 pasó a ser de propiedad municipal. Durante la Guerra de Sucesión, Castalla y toda la comarca tomaron partido por el bando borbónico, y fruto de ello fue que, terminada la guerra, Felipe V le concediera una serie de privilegios y el título de "Muy Noble, Fiel y Leal". Durante la Guerra de Independencia, tuvieron lugar en Castalla dos importantes acciones militares. La primera, que tuvo lugar en 1812, fue una gran derrota para el ejército español, y provocó la conquista de la ciudad por parte del ejército francés. Sin embargo, la segunda batalla, que tuvo lugar el 13 de abril de 1813, fue un gran triunfo para el bando español al ser derrotadas las tropas francesas del general Suchet. En 1890, la reina regente María Cristina le otorgó a la villa de Castalla el título de Ciudad. Horarios: Visitas guiadas: Enero-abril: martes - viernes 16:30 h. Sábados, domingos y festivos 12:30 h. Abril-septiembre: martes - viernes 17:00 h. Sábados y domingos 12:30 h. Además, los domingos de mayo a junio una visita a las 11:00 h. Mayo-septiembre: Visitas nocturnas viernes y sábados a las 22:00 h. y 23:55 h. Julio y agosto: a las 11:30 h. Octubre-diciembre: Martes-viernes 16:30 h. Sábados, domingo y festivos 12:30 h. Precio: 3€; 2€ para jubilados, Carnet Jove, estudiantes, grupos (30 p). Gratis hasta los 8 años. Todas las visitas se harán previa reserva en la oficina de turismo: 966561018. Los grupos (30 p) pueden realizar su visita cualquier día y hora previa reserva en la oficina de turism
El Castillo de Biar data del siglo XII. Está incluido en la ruta de los castillos del Vinalopó, es uno de los grandes atractivos de Biar, declarado Monumento Nacional en 1.931, hoy en día BIC, conserva una bóveda almohade del siglo XII. Alrededor de un patio central se organizaba el interior del castillo, disponiéndose toda una serie de dependencias destinadas a asegurar la defensa así como dar cobijo y servicio al alcaide, su familia y la guarnición. En el siglo XV aparecen descritas la habitación de vigilancia o cuerpo de guardia; la casa de fora, utilizada como pajar; el palau nou que albergaba a la familia del alcaide; el rebost o despensa para almacenar víveres; la cuina o cocina con su gran chimenea; la casa dels forns u horno; el establo; la capella o iglesia bajo la advocación de Santa María Magdalena y Santa Quiteria; el comedor. Todo ello presidido por la llamada Torre Maestra utilizada para guardar las armas y pertrechos del castillo. Estas dependencias, techadas por cubiertas a un agua de teja curva, permitirían recoger el agua de lluvia para almacenarla en el aljibe excavado en la roca que todavía se conserva. Tras la conquista cristiana de Biar por Jaime I en febrero de 1245, el castillo mantuvo una gran importancia en el sistema defensivo de la frontera meridional valenciana, dada la destacada situación estratégica desde el punto de vista político y militar de Biar frente al reino de Castilla. El castillo de Biar, fue declarado Monumento Nacional el día 4 de Junio de 1931. Está situado en un cerro rocoso a 750 m de altitud, es de origen musulmán y se sitúa cronológicamente a mediados del siglo XII. Su, estructura que se mantiene, conserva un doble recinto amurallado, y almenado con su correspondiente paso de ronda, con cuatro cubos en el exterior y tres en su interior, ordenado alrededor de la gran torre Maestra o del Homenaje, exenta, de planta cuadrada y de tres plantas. La torre, de 19 metros de altura, esta construida con mortero de cal y arena, (tapial), en su interior conserva el ejemplo considerado más antiguo, en bóvedas de estilo almohade. Fue conquistado por el Rey Jaime l el Conquistador en el mes de Febrero de 1245 tras un asedio que duro seis meses, en este asalto fue utilizado el “Fonevol,” maquina de guerra para el lanzamiento de piedras. Su último Alcaide según el Llibre D´els Fets, fue MUZA-ALMORABIT. Horarios: Miércoles - Viernes: 10:15 a 14 :00 h.; 16:15 a 18:30 h. Sábados y domingos: 10:15 a 13:45 h. Se abre los lunes para grupos con cita previa. 1 € Adultos y niños a partir de 6 años.
Constituyen en su conjunto un sistema defensivo de origen andalusí formado por varios recintos murados a distinta altura. Castillo de Orihuela (BIC). Siglo IX-XVIII. Es una obra de origen precalifal, que perdura con sucesivas adiciones hasta la Guerra de Sucesión, siendo destruido en 1709. En él se distinguen varias zonas bien diferenciadas funcionalmente. La zona más alta la ocupa la Alcazaba, sede del poder político y militar, por debajo de ella una línea de torres delimita el albacar, recinto con funciones ganaderas además de defensivas, otra serie de torres se sitúan en torno al seminario, donde se encontraba la población original. Toda una serie de muros y torreones enlazan la alcazaba con las murallas de la ciudad que transcurrían junto al río. Murallas de la ciudad (BIC). Siglo XI-XV. Se extienden desde el Monte de San Miguel hasta el Río Segura. Las murallas de la ciudad partían del albacar para englobar el núcleo originario de la ciudad (actual seminario) y su posterior ampliación hasta el río. Actualmente se conservan varios tramos inconexos de las murallas, destacan dos torres al final de la Calle Torreta, la Torre de Embergoñes, la Torre de la Casa Casinello en la Calle Soleres, el tramo conservado en el Museo de la Muralla, bajo el Aulario del Campus de las Salesas de la Universidad Miguel Hernández y varios lienzos y torres en el Monte de San Miguel, en las proximidades del Seminario Diocesano. Puerta de la Olma o de Crevillente. Es el único resto conservado de la Cerca del Arrabal de San Juan. Obra de sillería. Ingreso con arco de medio punto y sobre él un ángel custodio con espada, que representa el brazo real en las Cortes Valencianas, acompañado por el escudo cuatribarrado, el Pájaro Oriol (emblema de la ciudad) y una inscripción que fecha la puerta en 1558: “En lo ani de nostra redemcio MDLVIII se acaba aquest portal sent ivrats los molt magnifichs senors Melchor Groadellas Ivan Fernandes de Tvesta Frances Almodover Andre Manresa Ivan Miro”.
Cómo afirma P. Guichard el castillo de Ambra es uno de los tantos castillos islámicos del territorio valenciano que sirvieron como lugares de hábitat y/o refugio a cargo de las comunidades rurales, con un carácter no feudal y que fueron objeto de transformación y destrucción después de la conquista.Antiguos historiadores databan la construcción del castillo entre los siglos IX-XI, pero las últimas investigaciones y excavaciones arqueológicas la datan de principios del siglo XIII. Los escombros del castillo se levantan sobre una cresta rocosa formada por los contrafuertes septentrionales de la Sierra de Mediodía, delimitando el valle de Pego por el sur. Se levanta a una altura de 264 m sobre el nivel del mar y su construcción se adapta perfectamente a la orografía abrupta y rocosa de la montaña de Ambra. El castillo no participó activamente en la conquista, pero si tuvo importancia en las posteriores revueltas mudéjares capitanejades para el-Azraq. El año 1268 se le consignó el castillo a Arnau de Romero, mandándole Jaume I que en el castillo permaneciera una atzembla y diez hombres. Un año después pasó a Bonanat de Guía que lo tuvo poco tiempo, pasando el 1260 a Pere de Berbegal, arxiprest de Daroca, custodiándolo con cuatro hombres, a quienes el rey pagaba 150 sueldos anualmente. El 1264 pasó el castillo a Ade de Paterna por la deuda que el niño en Pere contrajo con él. Cobrado la deuda, el rey dio en crédito el castillo a P. de Capellades. El 1271 pasó en las manos, en las mismas circunstancias, a Pere de Marcén. Finalmente, después de estar en manso de los sarracenos durante tres años, a partir de 1276 el castillo empezó a perder su importancia militar. Acabó para perder completamente su importancia el castillo cuando a partir de 1280 se empezó a crear la nueva villa de Pego. Después de la segunda carta de poblamiento (1286) concedida con mejores condiciones que la primera (1279), empiezan a llegar colonos desde Barcelona que van a establecer en una nueva villa amurallada que se tiene que construir asentada sobre la antigua alqueria de Uxola. El castillo de Ambra es una construcción islámica tardía, que según Javier Martí, empieza hacia principios del siglo XIII, producto del miedo de los musulmanes ante la amenaza de conquista feudal. Aquello que más sobta de esta afirmación, es la poca durabilidad que tuvo el castillo (1220-1280). Pero la verdad es, que las últimas excavaciones no han sacado a la luz ningún resto anterior a la cronología apuntada. Establecida la cronología y durabilidad del castillo, otro de los aspectos importantes es saber si estuvo o no habitado, es decir, si sirvió sólo de refugio militar o si al contrario en su interior existían habitáculos. Aproximadamente existían una veintena de viviendas con una disposición en escalonamiento y aprovechando la estructura natural de la roca. Las viviendas eran de dimensiones reducidas y la obra de encofrado de mortero de cal y piedra calcárea de irregular tamaño. También tuvieron que tener madera, aunque probablemente esta se utilizó posteriormente para las casas de la nueva villa, puesto que en las excavaciones no se encontraron restos de este material. Los restos de la muralla del recinto nos muestran el valor de la arquitectura defensiva; los muros realizados en tapial, los fundamentos de masonería y cuatro cubos (torres) de planta rectangular en ixent reforzando el muro. Al Sudeste del mismo se encuentra la puerta de acceso al recinto, entre el avantmural y la muralla del castillo. El acceso se compone de dos puertas dispuestas longitudinalmente intercalándose entre ellas un cuerpo de guardia. Este cuerpo de guardia permitía hacer la guaita entre las dos puertas durante la noche, así como el descanso de los caminants en su acceso al castillo. En el mismo banco de guardia podemos observar el que pudiera ser un curioso juego medieval compuesto por ocho orificios en que se tendría que encarar piedras de diferentes tamanys. En las excavaciones del proyecte “Transformaciones de la estructura de poblamiento medieval en las tierras de Marina”, también se encontró en la puerta 5 dinero de bronce de la época del reinado de Jaume I (1238-1276). En el interior del recinto, junto a la segunda torre de la muralla se emplaza un aljibe o cisterna de planta rectangular (12 x 3 m) realizado en tapial que servía para recoger el agua de las lluvias. Un avantmural o barbacana cierra el recinto murallat, realizado también en tapial aunque de menor altura que la muralla interior. Está dotado de un ingreso en replec y de tres falsos cubos que se adaptan al trazado de las torres y la muralla. Aunque el castillo se encuentra en relativo buen estado, la intensa tarea de abancalament y la acción erosiva de los agentes atmosféricos han castigado mucho las construcciones.
Obra del escultor alicantino Arcadi Blasco, construido en 1990, y que destaca por su singularidad arquitectónica. Consta de dos partes, una en tierra, que simboliza una barca, y la otra mar adentro (actualmente sobre la arena de la playa), que simboliza un faro (o mástil). Homenaje a los hombres de la mar, representa la unión y dependencia que nuestra población y sus gentes tienen históricamente con la mar, vital para la vida y economía de El Campello durante décadas
De mediados del s. XIX data la Finca rústica Villa Marco que tuvo gran importancia en la zona agrícola conocida como Huerta de Alicante. A principios del s.XX adquirió carácter residencial y se la dotó del estilo modernista con curiosas influencias del arte colonial francés que la diferencian del resto de fincas que aún se conservan en la comarca. Sus bellos jardines de inspiración versallesca fueron creados a principios del siglo XX bajo los auspicios de Renato Bardin, cónsul honorario de Francia y dueño de la finca en aquel entonces. Convenientemente cuidados a lo largo de su historia, han sufrido algunas modificaciones respetando sin embargo su morfología original. La zona ajardinada rodea la casa surcada por varios paseos flanqueados por copas y jarrones de estilo clasicista. El jardín puede dividirse en cinco zonas: el "jardín árabe" (utilizado como huerta originariamente), el denominado "jardín histórico", donde se encuentran los ejemplares de mayor envergadura, el "jardín de acceso" que enmarcaba la entrada de carruajes, un pequeño "jardín mediterráneo" (con plantas autóctonas) y una gran pinada que representa un "bosque mediterráneo". Los jardines albergan dos esculturas del célebre artista alicantino Vicente Bañuls: "La Noche" y "La Marsellesa".
Entre los siglos XIII y XIV se amuralla la alquería de Calp para protegerla de los ataques musulmanes. Su situación costanera hizo que la población sufriera continuos ataques de piratas, por lo que en el s. XVI Carlos V ordenó que se reparasen dichas murallas. Los vecinos accedían a la ciudadela a través de un único portal denominado “El Portalet”. El más duro de los ataques tuvo lugar en 1637. Los piratas berberiscos invadieron la villa sin ser vistos. Los centinelas dormían y saltaron las murallas utilizando escaleras. Durante ese ataque tomaron cautivos prácticamente a todos los calpinos. Otro de los ataques más importante que sufrió la villa, y que da origen a sus fiestas patronales, fue el acontecido el 22 de octubre de 1744. Tras este asalto pirata se inició un proyecto para fortificar la villa, y se construye una segunda muralla, que rodea el arrabal y la vieja ciudadela. El “Torreó de la Peça” debe su nombre a un fortín derribado en el s. XX que en su día tenía una pieza de artillería.
Su construcción se debe a los almohades que los edificaron entre finales del siglo XII e inicios del siglo XIII. Tras la reconquista cristiana del siglo XIII, se levantó el recinto principal y la muralla, obras de refuerzo que respondían al carácter de histórica frontera de Jijona, que desde el Tratado de Almizra, en 1244, fue el límite de la Corona de Aragón, con la de Castilla hasta el 1304, momento en que las conquistas de Jaume II sumaron al reino las poblaciones del sur de la provincia de Alicante. Hasta esa fecha fue un elemento clave en la defensa de la frontera del reino de Valencia. A sus pies y en dirección E creció la villa de Xixona. Poco a poco fue languideciendo su importancia a lo largo de la edad media y comenzaron a disminuir las reparaciones. La última importante de la que se tiene constancia data del siglo XV y algunas obras menores en el XVI. Durante la Guerra de Sucesión sirvió como refugio a los jijonencos, que apoyaban la causa del Felipe V. Así fue asaltado por las tropas austracistas, que prácticamente lo destruyeron. En 1708 pasó a ser propiedad de los jijonencos por privilegio real, concedido por Felipe V.
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