Día a día, como celoso guardián del pueblo, con el vibrante sonar de su campana, que cala en nuestras mentes imprimiendo nueva fuerza y esencia, nos recuerda incesante el momento del trabajo, medios de transformación, maduración y progreso. Su historia se remonta a 1887, siendo alcalde D. Francisco Rico Lucas, cuando se acuerda pedir un proyecto para una torre a los arquitectos de Alicante D. José Guardiola Picó y D. Enrique Sánchez Sedeño. En 1889 se compra en Madrid un reloj nuevo, por 11.000 ptas. (el actual), que se compondría de maquinaria, tres campanas (una clásica grande, y dos más pequeñas semiesféricas), cuatro esferas, las pesas para la cuerda y un campanil forjado para su sostén. Se le da cuerda con una manivela, haciendo subir las pesas que cuelgan de sendos cables de cuerda (como se hace con un cucú). Las pesas son tres: de 500, 200 y 100 kilos; la grande es para las horas, la mediana para los cuartos, y la menor mantiene el reloj en marcha.
La Torre del Tamarit, conocida también por Torre de la Albufera o Torre de las Salinas, es de planta cuadrada y está situada entre la Torre del Pinet y el Castillo-Fortaleza de Santa Pola. Al estar un poco alejada de la costa su función principal no era la de vigilar el litoral marítimo, sino el permitir la comunicación con las torres del campo de Elche y vigilar las salinas. La torre del Tamarit, propiedad de Bras del Port S.A., está emplazada en un lugar excepcional, en una de las lagunas del Parque Natural de las Salinas de Santa Pola, que alberga diversos ambientes: las explotaciones salineras cercanas al mar, las balsas de agua dulce permanentemente inundadas y sus áreas periféricas. La fauna y la flora se adaptan a las condiciones de humedad y de alta salinidad. Son espectaculares las concentraciones de flamencos que llegan a sumar varios millares de ejemplares. Destaca también la presencia del Tarro Blanco, la Cerceta Pardilla, la Avoceta, la Cigüeñela, el Chorlitejo Patinegro, el Charrancito o el Charrán Común. Las Torres Vigía fueron construidas en 1552, bajo el reinado de Felipe II. Están situadas estratégicamente para avistar al enemigo antes de que éste llegase a la costa y se comunicaban entre sí por medio de ahumadas de día y luminarias de noche. Son: Torre del Tamarit en las Salinas, Escaletes en la Sierra y Atalayola en el actual faro. Su custodia estaba encomendada a cuatro atajadores: dos de a pie, que realizaban continua vigilancia, y dos a caballo, que controlaban el trayecto comprendido entre dos torres: comunicación, petición de auxilio, etc. Tanto la Torre Escaletes como la Atalayola (actual Faro) tenían guardas de a pie, pero no a caballo, por lo que la función de enlace corría por cuenta de los dos atajadores del castillo.
El yacimiento arqueológico El Monastil (Bien de Interés Cultural), de titularidad municipal, es uno de los elementos más representativos y ricos del patrimonio histórico de Elda. Está situado en la partida rural del mismo nombre, en las estribaciones orientales de la sierra de la Torreta. Rodeado por el río Vinalopó, ocupa una extensión aproximada de 3.5 hectáreas. El acceso principal se realiza por la ladera meridional, conectada a la entrada norte (Elda-Hospital) desde la autovía A-31 (Madrid-Alicante). La ocupación de este asentamiento se fecha entre finales del tercer milenio a.C. (Calcolítico) y la época almohade (siglo XIII), con un especial desarrollo entre la cultura ibérica y el periodo romano. A lo largo de su historia, El Monastil ha mantenido una constante posición central en el corredor del río Vinalopó, constituyéndose, dentro del valle de Elda, en un hito en la frontera tradicional entre el Alto y el Medio Vinalopó. Ha sido, igualmente, lugar estratégico para controlar las principales vías de comunicación históricas entre las comarcas centromeridionales costeras alicantinas y el interior de la península. Asentamiento de la Edad del Bronce y enclave del período orientalizante, se convierte en un importante oppidum iberorromano, jerarquizando el territorio del Medio y Alto Vinalopó durante la segunda mitad del primer milenio a. C. La mayor parte de los restos constructivos se sitúan en el espolón alargado más elevado del yacimiento, la zona alta del poblado, donde se conservan restos de un urbanismo ibérico, romano y tardorromano que muestra viviendas de tendencia rectangular adaptadas a las irregularidades del lugar, reutilizadas a lo largo de estos períodos, y articuladas en torno a una calle central que se divide en dos viales hacia la parte occidental del asentamiento. En la ladera meridional del poblado se ubican los restos de un sistema defensivo iberorromano que fortificó el acceso al oppidum, y que posiblemente se reutilizó en los períodos bajoimperial y tardoantiguo. Extramuros se conservan los restos de un singular almacén de cereal, ubicado en la terraza meridional principal que, a su vez, alberga un conjunto de estructuras domésticas y artesanales adscritas fundamentalmente a los períodos ibérico y romano. Durante este último período, El Monastil se asocia tradicionalmente a la mansión Ad Ello del Itinerario de Antonino. Destacan los vestigios de tres hornos pertenecientes a una alfarería de época romana tardorrepublicana e inicios del período imperial, así como un pequeño horno metalúrgico adscrito a la misma etapa. En las terrazas más cercanas al río, al sur de la carretera CV-8352, se han localizado restos cerámicos y vestigios de monumentos funerarios ibéricos. La parte alta del poblado se abandona a lo largo del Alto Imperio. Tras un amplio paréntesis cronológico, durante el período bajoimperial la zona se preocupa, continuando el hábitat hasta el período bizantino-visigodo, e iniciando su ocaso y abandono definitivo durante la época islámica emiral. En el período tardoantiguo destaca la hipótesis que vincula El Monastil con la debatida sede episcopal de Elo de los textos conciliares toledanos. Precisamente en el extremo occidental de la parte alta del yacimiento se conservan los vestigios de una iglesia cristiana de esta etapa. Esta iglesia, que muestra signos de abandono y posible reutilización en la primera época islámica, pudo ser utilizada como al-munastir. Esta denominación ha permanecido sustancialmente en el actual nombre de la partida y del yacimiento arqueológico. En conjunto, el yacimiento arqueológico muestra un relevante conjunto de construcciones y vestigios materiales de los siguientes períodos: Calcolítico, Edad del Bronce, Orientalizante, Ibérico -antiguo, pleno y final-, Romano -republicano, altoimperial, bajoimperial-, Tardoantiguo -bizantino y visigodo-, Islámico emiral y, en menor medida, de las épocas califal y almohade.
Su construcción se debe a los almohades que los edificaron entre finales del siglo XII e inicios del siglo XIII. Tras la reconquista cristiana del siglo XIII, se levantó el recinto principal y la muralla, obras de refuerzo que respondían al carácter de histórica frontera de Jijona, que desde el Tratado de Almizra, en 1244, fue el límite de la Corona de Aragón, con la de Castilla hasta el 1304, momento en que las conquistas de Jaume II sumaron al reino las poblaciones del sur de la provincia de Alicante. Hasta esa fecha fue un elemento clave en la defensa de la frontera del reino de Valencia. A sus pies y en dirección E creció la villa de Xixona. Poco a poco fue languideciendo su importancia a lo largo de la edad media y comenzaron a disminuir las reparaciones. La última importante de la que se tiene constancia data del siglo XV y algunas obras menores en el XVI. Durante la Guerra de Sucesión sirvió como refugio a los jijonencos, que apoyaban la causa del Felipe V. Así fue asaltado por las tropas austracistas, que prácticamente lo destruyeron. En 1708 pasó a ser propiedad de los jijonencos por privilegio real, concedido por Felipe V.
El Palacio de los Marqueses de Ruvalcaba, o Palacio Ruvalcaba, es un palacio oriolano que antiguamente era propiedad de la familia Sagredo Bassieres y Heredia marqueses de Ruvalcaba. En la década de 1980 fue adquirido por el ayuntamiento de Orihuela, actual propietario, como lugar de grandes recepciones en la ciudad. En la actualidad está cerrado a visitantes. El Palacio fue construido por los años 1930, en el solar que quedó tras derruirse la Casa Abacial de la Iglesia de Santiago. Perteneció a la familia del marqués de Rubalcava, constituyéndo esta su residencia. Fue adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de Orihuela en 1981, con el objetivo de conservar y poder ofrecer al público su interior y para darle un uso social y cultural. En 1981 se instala en él la oficina municipal de turismo, ocupándola hasta hoy en día. Sin embargo, éste no ha sido el único uso que ha tenido ya que en 1982 la Asociación de Fiestas de Moros y Cristianos "Santas Justa y Rufina" utilizó parte de su planta baja como su sede; en 1986 se convirtió el Museo Arqueológico y en 1990 se utilizó como sede del Departamento Municipal de Servicios Sociales. El Palacio de Rubalcava fue incluido en su día en la "Guía Provisional de Arquitectura de Orihuela" debido a su evidente interés arquitectónico, editada por la Comisión de Archivo Histórico del Colegio de Arquitectos de Alicante. Actualmente figura en el Catálogo del Plan Especial de Protección del Casco Histórico de Orihuela. El edificio consta de tres plantas principales con pequeñas entreplantas. Al principio la planta baja era utilizada como un despacho, vivienda de los caseros y cocheras. La primera planta, que constituye la zona principal del palacio, la ocupan una serie de ostentosos salones. También en ella se encontraba la cocina principal. En la segunda planta se hallaban los dormitorios de la familia marquesal y en una entreplanta una segunda cocina. Aparte el palacio consta de los jardines con un verja de hierro sobre muros de mampostería. Dichos muros contribuyen a aislar el edificio del exterior, a la vez que proporcionan zonas de recreo, con fuentes y bancos de azulejos y hierro forjado. El edificio de construyó imitando el esquema de los palacios barrocos oriolanos. El esquema que siguió el palacio Ruvalcaba de dichos palacios oriolanos es el tener un zaguán iluminado por una cúpula neobarroca de planta elíptica y el acceder a la planta noble mediante una escalera de mármol con zócalo de azulejos valencianos.
Obra del escultor alicantino Arcadi Blasco, construido en 1990, y que destaca por su singularidad arquitectónica. Consta de dos partes, una en tierra, que simboliza una barca, y la otra mar adentro (actualmente sobre la arena de la playa), que simboliza un faro (o mástil). Homenaje a los hombres de la mar, representa la unión y dependencia que nuestra población y sus gentes tienen históricamente con la mar, vital para la vida y economía de El Campello durante décadas
De mediados del s. XIX data la Finca rústica Villa Marco que tuvo gran importancia en la zona agrícola conocida como Huerta de Alicante. A principios del s.XX adquirió carácter residencial y se la dotó del estilo modernista con curiosas influencias del arte colonial francés que la diferencian del resto de fincas que aún se conservan en la comarca. Sus bellos jardines de inspiración versallesca fueron creados a principios del siglo XX bajo los auspicios de Renato Bardin, cónsul honorario de Francia y dueño de la finca en aquel entonces. Convenientemente cuidados a lo largo de su historia, han sufrido algunas modificaciones respetando sin embargo su morfología original. La zona ajardinada rodea la casa surcada por varios paseos flanqueados por copas y jarrones de estilo clasicista. El jardín puede dividirse en cinco zonas: el "jardín árabe" (utilizado como huerta originariamente), el denominado "jardín histórico", donde se encuentran los ejemplares de mayor envergadura, el "jardín de acceso" que enmarcaba la entrada de carruajes, un pequeño "jardín mediterráneo" (con plantas autóctonas) y una gran pinada que representa un "bosque mediterráneo". Los jardines albergan dos esculturas del célebre artista alicantino Vicente Bañuls: "La Noche" y "La Marsellesa".
La visita obligada del viajero que llega a Novelda es al Santuario de Santa María Magdalena. Este edificio religioso fue construído a partir de un proyecto que trazara el ingeniero noveldense D. José Sala Sala quien impregnó su proyecto del estilo modernista catalán. Su construcción, comenzada en 1918, necesitó de tres fases, para dar por terminada la obra en 1946. En la fachada principal destacan dos torres laterales de 25 m. de altura culminadas por una cruz pétrea, que también se halla en la cúpula y sobre los arcos superiores de la fachada. Los motivos decorativos tendrían antecedentes en los estilos medievales, barrocos y en la propia naturaleza; influencias que llevaron al autor a combinar guijarros del río Vinalopó, azulejos policromados, ladrillos, rojizos, mampostería, etc., que se reflejan por todo el exterior del edificio. El interior se compone de una nave central rectangular con dos espacios laterales adosados; al fondo, en el ábside, se halla el camarín de Sta. María Magdalena, Patrona de Novelda, y detrás del altar podemos admirar un hermoso cuadro atribuido a Gastón Castelló. Los trabajos de mantenimiento y restauración son constantes, el último de ellos llevado a cabo durante el año 2006 en donde se llevó a cabo la recuperación pictórica de varios de los lienzos que decoran el templo y entre las que se ha de destacar la obra del renombrado artista alicantino Gastón Castelló situada en el centro del altar.
Entre los siglos XIII y XIV se amuralla la alquería de Calp para protegerla de los ataques musulmanes. Su situación costanera hizo que la población sufriera continuos ataques de piratas, por lo que en el s. XVI Carlos V ordenó que se reparasen dichas murallas. Los vecinos accedían a la ciudadela a través de un único portal denominado “El Portalet”. El más duro de los ataques tuvo lugar en 1637. Los piratas berberiscos invadieron la villa sin ser vistos. Los centinelas dormían y saltaron las murallas utilizando escaleras. Durante ese ataque tomaron cautivos prácticamente a todos los calpinos. Otro de los ataques más importante que sufrió la villa, y que da origen a sus fiestas patronales, fue el acontecido el 22 de octubre de 1744. Tras este asalto pirata se inició un proyecto para fortificar la villa, y se construye una segunda muralla, que rodea el arrabal y la vieja ciudadela. El “Torreó de la Peça” debe su nombre a un fortín derribado en el s. XX que en su día tenía una pieza de artillería.
Se levanta sobre una de los dos colinas que dominan la localidad del mismo nombre, al nordeste de la población, en el Medio Vinalopó (Alicante, España). El Castillo de Monóvar fue construido en época almohade, entre finales del siglo XII y principios del XIII, y fue utilizado hasta principios del siglo XVII. Disponía de una privilegiada situación, desde la cual dominaba la red de fortificaciones que jalonaba el río Vinalopó, (los castillos y la torreta de Elda, y el castillo de Petrel), así como la vía de comunicación del corredor Pinoso-Jumilla, salida natural hacia Murcia y Andalucía. Se trataba de un castillo de planta irregular, parecida a un triángulo. En el centro se encuentra la torre del Homenaje, donde también había un aljibe. También pueden verse restos de una torre más pequeña en la cara norte, y algunos lienzos de la muralla. En las excavaciones arqueológicas que se han realizado en la colina donde se erigía el castillo, se han encontrado restos arqueológicos de la Edad de Bronce, fragmentos de cerámica almohade de los siglos XII y XIII, una pieza de joyería de los siglos XV o XVI y fragmentos de jarras, platos y escudillas del siglo XIV en adelante. En la actualidad se encuentra en ruinas y solamente conserva parte de una torre, restaurada recientemente.
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