Las pinturas rupestres, de hace más de 5000 años, pertenecen al periodo Neolítico. Se encuentra en el municipio de Altea, en la cara sur de la Sierra de Bernía. Las pinturas son apenas perceptibles pero hay que mantenerlas por ser un registro único en la zona. Es por ello que se encuentran detrás de una valla protegidos. Según los paneles informativos, lo que se ve son una serie de siete zig zag horizontales y paralelos. Su significado es desconocido para nosotros aunque se cree que estas figuras podrían evocar el agua y las ondas que provoca cuando está en movimiento. En la parte superior hay tres figuras humanas de cuerpo bitriangular que elevan sus brazos hacia la cabeza o hacia el cielo Estos antropomorfos se asocian con mujeres, ya que en el arte neolítico las figuras femeninas siempre se representan portando faldas. Por encima de ellas se disponen de forma simétrica, dos motivos con forma de sol y, a los lados, conjuntos de zigzags y puntos. En la cara inferior se observan dos figuras humanas con el cuerpo constituido por una barra ancha, la cabeza circular y los brazos apoyados en la cintura. Su forma, carente de atributos femeninos, podría indicar que se trata de hombres. Junto a ellos se observan varios conjuntos de motivos geométricos como barras y puntos y, en la parte superior, cuatro figuras con forma de soles. La existencia de motivos de tipo de astral “soles” y la representación figurada del agua (zigzags y puntos), llevan a pensar que esta narración podría relacionarse con la observación de fenómenos astronómicos y meteorológicos
El Casino Orcelitano se funda en 1864. Dos años más tarde de su fundación, se integra en su estructura, el Círculo Orcelitano, intitucion social creada en 1848. El edificio del Casino, del siglo XIX, comenzó su construcción el 2 de marzo de 1887, y no sería hasta el 29 de octubre de 1891 cuando se concluya la mudanza definitiva, desde el antiguo inmueble del Casino situado en la calle de los Hostales, al nuevo edificio. El casino, como entidad cultural y recreativa, hizo célebres las fiestas de alta sociedad y, entre ellas, destacó una que suponía a la vez unos Juegos Florales y la puesta de largo o presentación en sociedad de las jóvenes de familia acomodada económica y socialmente: la Fiesta del Azahar, durante la Pascua de Resurrección, a propuesta de Manuel Martínez Ros, Presidente del Casino, en 1964.
Torre vigía defensiva del S. XVI Esta torre, de 13.5 m de altura forma parte de la red de fortificaciones alzadas a lo largo de la costa, en el S. XVI para prevenir las constantes incursiones de los piratas berberiscos. La torre circular de forma troncocónica presenta dos cuerpos superpuestos, actuando el inferior como contrafuerte de la estructura. La puerta de acceso a su interior está elevada de la base. Dos matacanes defienden la puerta de acceso. Destaca el escudo de armas de Carlos V, con 4 barras, corona del antiguo Reino de Valencia y el águila bicéfala de los Austria. En el interior los diferentes niveles se comunican por una obertura, a la que se accede por medio de una escalera móvil o simple cuerda. Se tiene constancia de otro torreón ubicado en el actual faro de Sant Antoni, además de la torre de l’Almadrava . Las torres tenían comunicación visual, aunque también utilizaban otros medios, como señales con espejos, fuego, etc. Disponían de guardias que se encargaban tanto de la custodia de las mismas, como de eventuales traslados a otras torres o ciudadelas para avistar cualquier peligro. SITUACIÓN La torre de Gerro se encuentra al final de la carretera de Les Rotes, en el límite con el término municipal de Xàbia. El acceso hasta ella se debe hacer andando, aunque es posible aproximarse en vehículo hasta unos 300 metros por un camino asfaltado que atraviesa toda la urbanización que se halla en esa montaña, hasta llegar por la calle Vía Láctea a camino sin salida.
Torre edificada a inicios del s. XVI, en uno de los accesos a la población. Esta torre a sufrido muchas variaciones en su estructura, sobre todo a partir de mediados del s. XIX, que fue integrada como parte de una vivienda de dos plantas. Se desconoce a qué familia pertenece, pero el edificio se caracteriza como un edificio de huerta de rango nobiliario bajo, posiblemente propio de un Cavallero y asociado a propiedades agrarias y a la vía de comunicación entre Bocairent y Banyeres. En diciembre de 1990 se llevaron a cabo las obras de restauración y excavación arqueológica pertinentes, con el objetivo de transformarla en un museo. Es un edificio de planta cuadrada, con una altura aproximada de 18m, fue construida con muros de mampostería sin revestir exteriormente. Las esquinas, cornisas, dinteles de huecos y arcos están resueltos en sillería.
Se encuentra a los pies del Castillo y fue construido para conmemorar el lugar donde se encontraba la antigua ermita del Conjurador. Esta ermita hoy en día desaparecida, tenía vocación a San Jorge. Era la ermita mas antigua de Banyeres, como se deduce por su situación, por lo que su construcción puede referirse muy bien entre los siglos XIII y XV. Solo quedan unos restos, una de las esquinas. Según testimonio fotográfico puede asegurarse que a finales del s. XIX o a principios del s. XX todavía estaba en pie. Esta ermita se conocía también como la de “El Conjurador” por la facultad que tenía el Santo de conjurar tormentas y males ante los ruegos de la población congregada en torno a su imagen. El monumento actual está emplazado en un mirador con vistas a la sierra, que permiten al visitante admirar el entorno natural que rodea al municipio.
Está instalado en un edificio señorial construido en 1857. Presenta la singularidad de poseer en los bajos unos curiosos soportales con un corredor que da servicio a la pequeña plaza “dels Portxins”.
Revela la importancia del pan como alimento básico para la época en la que se construyó este horno. Es un horno de origen morisco, actualmente en funcionamiento, de características medievales, y está documentado a principios del S XVI. Se dice que es uno de los más antiguos de toda la Comunidad Valenciana y una verdadera joya arquitectónica. Hoy en día funciona a pleno rendimiento y es famoso en la elaboración de las pastas típicas jijonencas como tonyetes (almendra, harina y canela), doblaes (se amasan únicamente para Todos los Santos), madalenas, tortadas, y un sin fin de postres y dulces. En las panaderías y pastelerías, se elaboran pastas, dulces y delicias para todos los visitantes que quieran probar la repostería más tradicional de Jijona.
Casa solariega de la familia Rovira (s. XVII-XVIII). En su fachada, en el último piso, se encuentra el escudo de la familia. En él falta la corona que fue quitada durante la II República. El linaje de Rovira procede de Cataluña. Pasó al Reino de Valencia a finales del siglo XII. En Jijona está documentado en 1421. A lo largo de la Edad Moderna coparon los principales cargos del gobierno municipal. Sin embargo, los miembros más encumbrados de dicha familia emigraron a la vecina ciudad de Alicante. Con el paso del tiempo algunos miembros de esta familia que residieron en Jijona supieron adaptarse a los cambios que marcaba la modernidad y apostaron por una creciente artesanía: la producción del turrón. A finales del siglo XIX ya habían creado varias empresas destinadas a jugar un gran papel en la economía en los inicios del siglo XX.
A la entrada del Parque de L'Aigüera hay un elemento muy diferente que recibe al visitante, es el nuevo Ayuntamiento, conocido popularmente como el ‘rascasuelos’. Su disposición horizontal ha despertado el interés de arquitectos y el público en general, por lo que recibe múltiples visitas. Se trata de un edificio puente que hace de puerta a la zona verde de L'Aigüera. La construcción queda en voladizo y los viandantes pueden pasar por debajo de ella. La gran cristalera del edificio fue cubierta con lamas tupidas donde están inscritos los nombres y apellidos de los más de 60.000 censados en el año que finalizó su construcción.
La bahía de Calpe con la silueta vigilante del tómbolo de Ifach, ha sido desde épocas remotas un paisaje admirado y apreciado por las diferentes culturas que han formado parte de estas tierras desde la Antigüedad. El yacimiento romano de los Baños de la Reina en Calpe es un enclave costero privilegiado. Situado frente a una bahía de aguas tranquilas, al abrigo del Peñón de Ifach, aún hoy hunde sus brazos rocosos en las cristalinas aguas del Mare Nostrum. El mar y la sal fueron la base y el sustento de los antiguos colonos romanos, dando pie a fluidos intercambios comerciales que se han podido atestiguar. Dicha actividad generó una pequeña población que construyó sus casas sobre las dunas costeras, dando lugar a un urbanismo selectivo y diversificado. Tras el paso del tiempo y los siglos de olvido, la imaginación popular fue la heredera del antiguo legado, identificando las balsas como los "baños de la reina mora", causa inmediata del topónimo del lugar. Si a ello sumamos la existencia de algunas galerías de desagüe cegadas en la actualidad, el mito estaba servido: esos eran los túneles que alcanzarían un misterioso palacio desde el que la "reina mora" llegaba hasta su baño costero. También esta creencia popular forma parte del importante legado cultural del yacimiento. El yacimiento de los Baños de la Reina consta de 3 partes: 1. Vicus romano El yacimiento romano de Banys de la Reina es un enclave costero que destaca por su magnifico diseño arquitectónico y sus mosaicos, siendo en su género, uno de los conjuntos más importantes de toda la Hispania romana. Pese a que hasta la fecha sólo se ha excavado el 25% de su superficie, resulta suficiente para atisbar la magnitud de esta villae romana dotada de todo tipo de lujos hace 2.000 años. Las balsas excavadas en la roca litoral, destinadas al abastecimiento de pescado fresco, dieron nombre al enclave, topónimo vigente en la actualidad. Durante el s. I-II d. C. se edificaron las primeras viviendas, un pequeño complejo termal conocido como “termas de la Muntanyeta”, y un área industrial en el cual destaca la construcción de una singular noria excavada en la roca que abasteció de agua potable al lugar. A finales del s. III d. C. se erigió una suntuosa villae de patio circular dotada de extraordinario conjunto termal privado. Finalmente será en el siglo V-VI, cuando se detecten en el lugar, punto clave en la navegación durante la Antigüedad, las huellas de la conversión al culto cristiano con la erección de una modesta iglesia con baptisterio de cruz griega y una necrópolis adyacente. 2. Conjunto termal de la Muntanyeta A raíz de los trabajos de remodelación del espigón costero, en el año 1993 salieron a la luz los restos de este pequeño conjunto termal, de 500 m2 de superficie, actualmente conocido como “las Termas de la Muntanyeta”. Entre los hallazgos documentados durante su excavación, se conservan diversas balsas, así como una natatio de agua fría (frigidarium), a la cual se accedía por tres escalones. Junto a ésta, varios hornos eran los responsables de mantener la temperatura adecuada en las salas calientes (caldarium) y templadas (tepidarium). El sistema de calefacción desarrollado por los ingenieros romanos se basó en el uso de suelos huecos elevados sobre columnas de ladrillos (pilae) y paredes con cámaras de aire, construidas mediante tubos cerámicos (tubuli) que facilitaban la circulación del calor a través de las diferentes estancias y las mantenían caldeadas. Unido a estos recintos se localizó una habitación con un pavimento formando espigas (opus spicatum), así como otras dependencias complementarias, destinadas al esparcimiento, que fueron ricamente revestidas con placas de mármol gris procedente de Argelia. 3. Los Viveros romanos de Banys de la Reina La existencia de unas grandes cubetas dentro del mar, talladas en la roca arenisca conocida como “pedra tosca”, y denominadas popularmente “Baños de la Reina mora”, han sido las responsables de dar nombre a todo el enclave arqueológico. El conjunto, excavado en la misma costa, está formado por un gran depósito rectangular de 165 m2 de superficie total. Su interior estaba subdividido por muros de piedra natural, dando lugar a 6 balsas comunicadas entre sí mediante una abertura en cada una de ellas. La entrada de agua marina se realizaba a través de cuatro canales, también tallados en la roca, los cuales permitían la libre circulación del agua a todas las balsas. Estos canales se cerraban mediante compuertas perforadas, lo que permitía el paso del agua y evitaba su estancamiento y la fuga de los peces de su interior. Si bien estos viveros o piscinae están relacionados con la cría del pescado vivo, no se descarta su posible uso como jardín acuático destinado a la contemplación de la belleza marina, al igual que otras villae altoimperiales del Tirreno, donde estas instalaciones, de cara construcción y costoso mantenimiento, constituían además una muestra del poder y prestigio social de su propietario.
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